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10 reglas para leer con los papás y las mamás

Ilustración: Juliana Perdomo

Muchas veces tenemos encuentros con los niños más pequeños para hablar de la lectura y de lo importante que es que les enseñen a leer… a sus padres.

Esta es la presentación que compartimos con estudiantes de preescolar de varios colegios y jardines capitalinos. Son diez reglas muy simples para que los niños le enseñen a los papás y mamás sobre la forma correcta de leer en casa.

Los comentarios que estamos presentando aquí en cada diapositiva, no son los que les decimos a los niños, por supuesto, pero la esencia del mensaje sí es igual.

1 – No TV

Todos los aparatos apagados. El libro debe ser el centro de atención. No se trata de leer mientras vemos el noticiero, ni debe haber televisores encendidos en otros cuartos. Leer es la actividad central del momento. Los aparatos no deben ser el sonido de fondo de ninguna actividad con los niños. Estamos leyendo, estamos comiendo, estamos jugando con plastilina, estamos armando castillos de cubos, estamos en guerra de almohadas… Ya habrá un momento para que veamos TV. Y entonces, también nos concentramos en verla. Compartimos una película, un video, un capítulo de una serie favorita. Y apagamos.

2 – No teléfono.

Apagar el celular para leer… ¡Qué concepto tan revolucionario en estos días! Hagámoslo formalmente y frente al niño: «Voy a apagar el teléfono para que nadie nos interrumpa». La lección que damos con el ejemplo es la que más se graba en los niños. Pero tiene que ser sincera. Y si se nos olvida o si suena el teléfono fijo de la casa (sí, todavía existe), contestemos y digamos con firmeza: «No puedo atenderte en este momento porque estoy leyendo con… (su nombre aquí). Cuando termine te llamo». Y colgamos. Después arreglaremos las cosas con el jefe. Pero en el momento de la lectura, el jefe es otro y nos está mirando con su pequeño dedo índice marcando la página en la que iba la lectura.

3 – Buena luz.

Organicemos con cuidado el escenario de la lectura. Una luz indirecta trasera, una buena lámpara de mesa de noche… El libro debe ser el protagonista. Si estamos en la cama, evitemos esa luz del techo que nos da en la cara. Creemos la rutina de apagar los ruidos y encender la luz de lectura. Muy pronto los niños serán los que preparen el lugar y los elementos de lectura ellos mismos. Los adultos debemos también estar cómodos y relajados. Traigamos almohadas adicionales a la cama, escojamos una postura que no sea un «sacrificio» de la columna o de las rodillas. El rato debe ser placentero para todos. Después de todo, hemos esperado todo el día para este instante.

4 – Nunca en el carro.

Aunque no hay ningún peligro grave de leer en un vehículo en movimiento, como nos advertían las abuelas, lo que sí puede ocurrir es algún sentimiento desagradable de mareo o dolor de cabeza. No se trata de asustar a los niños con historias no comprobadas de que algo muy malo nos puede ocurrir al leer en el carro, pero sí es buena idea aprovechar los viajes para conversar sobre todo lo que puede verse en el camino. Las pantallas que traen ahora los vehículos para los pasajeros de atrás parecen muy buena idea de los fabricantes de autos, pero en mi opinión están dando el mensaje equivocado a los niños al anular por completo la experiencia del viaje. Compartir unos minutos de ruta con los niños puede ser una gran oportunidad de conversación y aprendizaje y muchos pequeños lo encuentran incluso relajante y adormecedor.

5 – Se vale repetir y repetir

Los libros son una experiencia tan generosa que una sola lectura casi nunca extrae toda su riqueza. Cada nuevo acercamiento a un texto con imágenes puede traer resultados muy diferentes y descubrimientos novedosos. Siempre habrá algo que se nos quedó por fuera cuando pasamos la página la vez pasada. O simplemente, la repetición es obligada porque la lectura anterior fue muy amena e ingeniosa. Los niños no se cansan de regresar a terrenos conocidos y es posible que ahora quieran darle un giro distinto a la historia y a los personajes. Además, a medida que perfeccionan su lectura, querrán comprobar ellos mismos si lo que les leían era cierto. Es por eso que los adultos tenemos que estar dispuestos a regresar muchas veces al mismo libro y procurar que la experiencia sea fresca en cada ocasión.

6 – Se vale conversar.

Más que leer los textos que vienen en los libros (a veces muy cortos), los niños más pequeños están pendientes de extender la conversación alrededor de lo que se muestra en las imágenes e incluso acerca de lo que no se ve. Toda escena tiene un antes y un después, los personajes vienen de o van para algún lado. Hay muchos detalles que merecen una explicación o que permiten una conversación complementaria. Los libros son ante todo generadores de lenguaje ya que presentan situaciones y escenarios que pueden estar por fuera del alcance de la cotidianidad de los niños. Por eso no es gratuito decir que la lectura es un viaje. Y en los viajes, uno no se queda callado con su vecino de asiento.

7 – Poner mucha risa.

Algún día llegará el momento de la lectura seria y dramática. Por ahora, la risa y la lectura son hermanitas gemelas y tanto los adultos como los niños saben que no hay mejor momento para soltar las carcajadas y hacer que los demás en la casa sientan envidia de no estar participando. Pero a las risas hay que ayudarlas a venir y el lector adulto debe esforzarse en hacer que la lectura sea todo un show. Hay que hacer voces, ruidos, gestos, gruñidos, silbidos… Todo lo que el libro no alcanza a decir, lo tenemos que complementar con nuestras habilidades de improvisación. Y no se valen excusas, todos tenemos la capacidad de hacer el ridículo.

8 – Se vale al revés.

Los libros son objetos para manipular, para leer en desorden, al revés, a brincos. Hay páginas para quedarse eternamente y otras para pasar de largo. Si bien la primera vez los recorremos con juicio y de la mano del autor, después nos podemos apropiar de la obra y hacer lo que queramos con ella. Nadie puede evitar que contemos la historia del pingüino que caminaba por los techos y del hielo que se derretía y goteaba. Estas transgresiones son muy bien recibidas por los niños y los invitan a intentar cosas novedosas por su cuenta.

9 – Se vale salir del papel.

Leer puede ser el punto de partida de muchas actividades que se basen en el libro de turno. Los personajes se pueden salir del papel y pasar al mundo real en esculturas de arcilla o plastilina, en hojas de colorear, en collages… Muchas veces los personajes regresan en un segundo libro o forman parte de todo un universo complementario con videos, juguetes, muñecos, etc. Algunos podrían estar en desacuerdo con esta comercialización, pero ir en contra de la corriente es una lucha tan desigual como inútil. Simplemente aprovechemos los personajes populares como un elemento más para incluirlos en la conversación y en el bagaje cultural del pequeño, pero sin que haya ninguno que monopolice la vida cotidiana del niño. Todos son bienvenidos, pero ninguno debe ser el centro de toda la atención.

10 – Se vale soñar.

Tanto el adulto como el pequeño se pueden quedar dormidos leyendo. Está permitido. Aunque sería preferible que fuera por orden de edad, si la lectura es la actividad que cierra el día, es muy probable que ambos luchen por mantenerse despiertos para terminar la historia. Organicemos la actividad de leer de tal manera que la consecuencia inevitable de quedarse dormidos sea natural y cómoda. Es decir, que dormirnos sea simplemente un capítulo más de la historia.

Para terminar, y si todavía está despierto mi querido lector, la regla principal es que no hay reglas. ¡Todos a leer! ¡Todos a volver a ser niños!

Guillermo Ramirez

www.revistacucu.com