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12 consejos muy aburridos

Ilustraciones: Héctor Borlasca

Nos asusta oír a un niño decir: “¡Estoy aburrido!” Al parecer los adultos tenemos que mantener el interés y la emoción en todo lo que hacemos juntos y nos preocupa que no vamos a poder inventarnos algo nuevo para los próximos… cinco minutos.

1 – Sentirse aburrido es indispensable

Cuando una niña está aburrida o un niño no encuentra nada interesante que hacer, quiere decir que tienen “un problema” para resolver y esencialmente ellos mismos son los que han de encontrar la solución. Resolver problemas es la principal chispa para encender la imaginación y la creatividad. No siempre van a tener a alguien que les diga lo que deben hacer y generalmente lo que ellos mismos se inventan es más entretenido.

2 – Menos horarios, más flexibilidad

A veces los niños tienen planeados los días en forma muy estructurada y pueden quedarse sin tiempo realmente libre para “aburrirse”. Si no hay tiempo de sobra, no habrá oportunidad de ser creativos en su uso y estarán siempre dependientes de lo que les han planeado los grandes. Muchas veces es necesaria la inactividad para poder observar, reflexionar y desarrollar hipótesis sobre el funcionamiento del mundo o simplemente para hacer bolitas de arcilla sin ninguna utilidad real.

3 – El grito de independencia

Algunos se quejan de los hijos que no quieren irse de casa a los treinta y, en cambio, es fácil encontrar a otros que ya quieren hacer todo por su cuenta a los treinta… meses. Desde escoger su ropa hasta participar en la decisión sobre lo que se hará en un día festivo, los niños muy pronto se apropian de su lugar en la familia. Es importante que en sus tiempos de aburrimiento se les permita ejercer su independencia en esas pequeñas decisiones. Aprenderán a responsabilizarse por sus elecciones.

4 – Los baúles y rincones

Las casas pueden estar llenas de “escenarios” para actividades distintas. El escritorio bajito lleno de vasos de lápices y útiles para todo, la pared con pintura negra de tablero y muchas tizas, las matas que hay que regar, los cajones llenos de “cositas”, mucha plastilina, mucha tierra, mucha masa de galletas, mucha pintura. La materia prima a la mano hace que la actividad resulte espontáneamente. Desbaratar la casa, sí, pero luego también recoger y limpiar.

5 – Ensayos con vestuario

A veces, la inspiración llega al vestirse para el rol que se quiere representar. Ponerse el traje de artista, de bailarín, de jardinera, de cocinero, de actriz debería ser tan fácil como abrir un baúl lleno de trapos, antifaces, gafas y sombreros. Una bata de científica, o de jardinero, o de escultora inmediatamente genera la necesidad de hacer y actuar. Además de cuidar que no se dañe la ropa “aburrida”, se convierte en un medio de transporte hacia otra dimensión.

6 – La vuelta a la manzana

Cruzar la puerta de la casa y recorrer el entorno de nuestro barrio puede ser la aventura intelectual y social más provechosa del día. Allí están los personajes: el tendero, el heladero, la señora policía, el jardinero, la vecina que pasea el perro. Insistamos en los nombres propios, es Lucila, es Yazmín, es Ramón, es José y propiciemos las pequeñas conversaciones. Preguntar a la gente, contarles cosas, reírnos, mezclarnos, saludar y despedirnos. Construyamos seres humanos sociables y buenos. Volvamos a serlo nosotros mismos.

7 – La movilidad infantil

No es raro que los niños tengan que estar trasladándose de casa en casa entre abuelos, tíos y amigos de la familia. Para eso es bueno tener un “mundo portátil” de libros y actividades en un morral de viaje, escogido por ellos y adaptado a cada ocasión. No todos los amigos y familiares tienen en sus casas ambientes atractivos para un niño quien a veces es la única persona menor de edad de la reunión. Destapar su equipaje le permitirá crear un lugar propio para sentirse cómodo y tranquilo.

8 – Yo trabajo, tú trabajas

Es posible que no tengamos que estar haciendo cosas juntos sino simplemente estar cerca. Cada uno, adulto y niño, puede dedicarse a su oficio o hobby y conectarse de vez en cuando para compartir los progresos. El adulto está reparando una bicicleta, rellenando unas empanadas, contestando unos correos, abonando unas materas, emparejando medias, ordenando aquí, limpiando allá. El pequeño a veces participa, a veces no. Mientras tú haces esto, yo voy a hacer esto otro: un pacto informal de aburrimientos independientes.

9 – La música protagonista y acompañante

Hoy todos quieren tener una “banda sonora” acompañando cada momento de su vida y los jóvenes y viejos con audífonos son parte del paisaje habitual. ¡Pues sea bienvenida la música! Pero no en la radio, mejor en CDs o en “playlists” de melodías y canciones favoritas, compartidas con los niños, que recopilamos y atesoramos. Pongamos la música que nos gusta para acompañar lo que hacemos o hagamos música propia. Cantemos, bailemos, toquemos instrumentos o simplemente… escuchemos.

10 – Las rutinas no son tan aburridas

Al contrario, dan seguridad y tranquilidad. Dibujar un horario con actividades que se deben cumplir, por ejemplo, antes de dormir, proporciona un camino sereno hacia el cierre del día. El baño nocturno, la merienda, los dientes, la piyama, la preparación del día siguiente y la lectura (¡por supuesto!) llaman el sueño reparador y reconfortante. Apagar el día sin tensiones y conflictos debería ser una rutina familiar en la que todos participamos. Sin noticieros, sin teléfonos, sin “adulteces” estresantes. Todos ganamos.

11 – Los aparatos son útiles pero…

Las tabletas, los celulares, la tele, los computadores, por supuesto que son bienvenidos pero con un propósito específico y luego se apagan. Son para hacer una tarea muy concreta y no para enchufar y apagar a los humanos. Vamos a tomar una foto, a filmar esa oruga, a enviar un mensaje de audio, a tener una video charla con la tía lejana, a recordar las fotografías familiares, a ver un programa favorito, a contestar esa pregunta que no sabemos y se acabó. Logramos nuestro objetivo y ¡listo! vamos a hacer otra cosa. Los aparatos nos ayudan a hacer cosas “importantes” de la vida diaria, ese debe ser el mensaje.

12 – Hagamos doce cosas

Cuando comencé este texto me puse la meta de recopilar doce consejos. Eso hizo que me esforzara y que me concentrara en completar la tarea. Muchas veces me dije, mejor diez, o sólo ocho, pero llegar a doce fue más emocionante. Hagamos lo mismo con los niños. Pongamos un reto con una meta numérica y de esa manera se mantendrán motivados hasta alcanzarla. Doce bolas de plastilina, doce flores de papel, doce… actividades “aburridas”.

 

Guillermo Ramírez

CUCÚ – PAPÁS #12


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