El primer día

Ilustración: Héctor Borlasca

Una de las historias más hermosas para los niños que comienzan preescolar se llama “La mano del beso” de Audrey Penn. El libro cuenta la historia de Chester Raccoon, un pequeño mapache que no quiere ir a su nueva escuela en el bosque.

Para calmar sus temores, la madre de Chester comparte un secreto especial con él. Le besa su mano y le dice que siempre que se sienta solo, puede presionar “la mano del beso” contra su mejilla para revivirlo y recordar que su mamá lo ama.


Si hay un momento que todos los padres recordaremos por siempre es el primer día de escuela. Ya sea en el jardín o en el colegio grande, ese momento de separación siempre estará lleno de emociones fuertes y sentimientos encontrados.

Por un lado está la sensación de que se inicia una etapa que marca un momento de crecimiento y de afirmación de independencia: “Ya soy grande, ya voy solito”; y por otro, está la angustia de abandono y separación frente a una experiencia completamente nueva: “¿Me voy a quedar con esta gente que no conozco, en este lugar extraño?”

No faltarán las lágrimas y, de acuerdo con la preparación que se haya tenido, la recuperación de ese amargo momento no siempre es fácil. Algunos cuentan que sólo se logró la paz y la tranquilidad cuando se oyó una frase reconfortante como: “¡Ya, sin llorar! No es para tanto, nos vemos a la salida. Chao, papá, chao, mamá”.

Para los niños, la reacción en el primer día puede variar dependiendo de si son muy apegados a los hábitos o si están abiertos a los cambios. Aunque se regrese a un lugar conocido, cada comienzo trae múltiples sentimientos y expectación incluso para los que son más “experimentados”. Todos necesitan atención y cuidado en las primeras semanas de clase. 

Algunas sugerencias

  • Visitemos con anterioridad el colegio o jardín. Algunos permiten sesiones de “aclimatación” primero con los padres y luego solitos. 
  • Hagamos los preparativos juntos. Siempre habrá elementos nuevos para preparar: ropa, cuadernos, morral, lonchera. Incluyamos a los pequeños en la selección de las cosas.
  • Conversemos acerca de los sentimientos y temores. Recordemos nuestras propias experiencias de momentos en que hemos sentido dudas al ir por primera vez a un trabajo, por ejemplo.
  • Creemos un ritual o un elemento de protección. Una pulsera, una libretica de notas, un bolígrafo especial con el que se escribieron los buenos deseos de sus seres queridos. Un mini álbum de fotos sería ideal.
  • Démosle tiempo al proceso. Cada niño puede tardar un tiempo diferente en adaptarse al cambio. No comparemos y apoyemos durante el tiempo que sea necesario. 
  • Ensayemos el primer día. Repitamos con anterioridad los pasos del primer día: despertarse muy temprano, bañarse, vestirse, desayunar y desplazarse hasta el jardín. Identifiquemos los posibles problemas y anticipemos. 
  • Disminuyamos el estrés desde la noche anterior. Tal vez el baño nocturno sea más adecuado. Acostarse muy temprano, dejar todo listo. Que la mañana no sea caótica.
  • Hagámoslo muy divertido. Llenemos de humor todo el proceso. Sin presiones, sin regaños. Metámosle risas a todo lo que pueda causar angustia.

La vida está llena de “primeros días” que marcan generalmente cambios y giros que no pueden devolverse. Cada primer día es un avance. ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos nosotros mismos un “primer día”?

Guillermo Ramirez

(1) “The Kissing Hand” – Audrey Penn, Ruth E. Harpet y Nancy M. Leak. – Scholastic (1993)