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¿Pegados a las pantallas?

Ilustración: Héctor Borlasca

Son irresistibles. Si entras a una habitación o a un restaurante que tiene una TV encendida, no hay nada que hacer: tus ojos no se despegan de la pantalla y el aparato domina la atención de todos los seres humanos presentes, aunque no tenga volumen. 

Las reuniones de las familias o de los amigos a veces se convierten en “miremos todos nuestras pantallas personales”. ¡Ah! pero somos muy afortunados… al menos estamos juntos. ¿Cuándo nos volvemos a encontrar? Ya te avisaremos en el chat del grupo.

Y los niños, desde muy pequeños observan con atención estos comportamientos. Muy pronto quieren formar parte de esa comunidad que no para de revisar, arrastrar, desplazar hacia abajo, cliquear y consumir imágenes que se mueven y emergen desde un rectángulo mágico que cabe en la palma de la mano.

Se multiplican los estudios que confirman que los adultos en promedio pasamos más de tres horas al día en alguna pantalla y dicen que un usuario típico de un teléfono móvil lo consulta unas cuarenta veces en 24 horas. Algunos ya le pegan a este fenómeno una palabra que no deja de ser aterradora a cualquier edad: “adicción”. 

En una realidad ideal, muchos proclaman que los niños no deberían tener contacto con “la tecnología” (como denominan a cualquier aparato con pantalla) antes de… No hay consenso. Pero claramente nuestro instinto nos dice que dejar a nuestros pequeños “pegados a las pantallas” no debe ser bueno. 

He aquí algunos consejos (realistas) sobre el tema de “las pantallas”. (Tanto para ellos como para nosotros los adultos “maduros y disciplinados” que somos).

1 – Conversemos sobre el concepto de “equilibrio”. No podemos pasar “tooooodo el tiempo” que estamos despiertos viendo pantallas, así como no podemos comer “toooodo el tiempo” golosinas. Debemos tener una “dieta balanceada” de cosas que no nos alimentan (como el tiempo excesivo de pantalla) con otras que sí son nutritivas, como las conversaciones con las personas, los juegos físicos, las artes y la actividad al aire libre.

2 – Tratemos de regresar a la pantalla familiar. Al menos mientras los niños más pequeños están despiertos, hagamos que la actividad de pantalla (que en el pasado se llamaba “la tele”) sea un evento familiar programado. Vamos a ver esta película o este capítulo de tu serie favorita. Uno… está bien, dos o tres capítulos, y luego hacemos esta otra cosa. Y el aparato se apaga. Para todos. 

3 – Evitemos la pantalla acompañante. No hay TV durante las comidas, no hay pantallas mientras estamos en un restaurante o con los tíos que vinieron de visita, a menos que hayan venido para “ver el partido”. Entonces, es natural que la pantalla sea la protagonista. Pero mientras hay un encuentro cara a cara con otros, conversamos, jugamos, convivimos y damos ejemplo. 

4 – Las pantallas y los aparatos tienen propósitos concretos. Los teléfonos móviles sirven para comunicarnos con las personas lejanas, para tomar fotos y enviarlas, para grabar mensajes, para mirar los álbumes de fotos, para buscar información, para leer un libro electrónico o para pedir un taxi. Mientras tanto, están guardados en el bolsillo o cartera (no sobre la mesa). Los usamos, obtenemos algo y los guardamos. 

5 – No llenemos todos los momentos. A veces pensamos que tenemos que estar haciendo algo siempre con los niños o que ellos se pueden aburrir si no hay un estímulo permanente. Como hemos insistido, el “aburrimiento” es la fuente de muchas actividades creativas o sirve para bajar el ritmo y contemplar lo que nos rodea. No tenemos que estar siempre acompañados de medios frenéticos o de música de fondo. A veces hay que callar el mundo de afuera para disfrutar el interior. 

Las pantallas nos invaden y nos llenan la vida, y muy pronto serán más envolventes con los adelantos de realidad virtual y aumentada. No reemplacemos con aparatos esa capacidad que tenemos, los pequeños y los grandes de agrandar la realidad con nuestra imaginación e ingenio.

Guillermo Ramirez

Referencia: Royal College of Pediatrics & Child Health, Reino Unido.